La gran planicie (MONICA)

Aquí en nuestra Depresión Momposina confunden sus aguas el Magdalena, el Cauca, el San Jorge y el Cesar después de haber irrigado fértiles valles en los cuatro puntos cardinales donde se ha forjado la riqueza nacional.

En esta inmensa planicie salpicada de pueblos colmados de historia y tradiciones, el vaivén constante de las aguas y el generoso limo que su retiro deja atrás han originado un mosaico de ciénagas, caños, pantanos, playones, bosques inundables... donde habitan centenares de animales -monos, tigrillos, osos hormigueros, perezosos, ponches, ñeques, armadillos, garzas, patos, cormoranes, pericos, loros, babillas, iguanas, galápagos, boas, bagres, barbules, coroncoros, mojarras, bocachicos... Es la naturaleza despreciada y abusada, el verdadero Dorado del Nuevo Mundo, donde nuestra cultura anfibia -500 años de amalgama de las civilizaciones indígena, negra y europea- ha evolucionado esquemas únicos de utilización de esta enorme riqueza.

Pero una y otra desaparecen poco a poco. Al Magdalena -otrora la vía de comunicación más importante del país- van los desechos crudos de nuestras ciudades, los desperdicios de la industria, de la minería y de la explotación del petróleo; sus crecientes son sinónimo de desgracia y sus sequías dejan eriales paupérrimos. Las maderas finas -ébano, tananeo, carreto, ceiba tolúa, bálsamo, solera, algarrobo- los caimanes, paujiles, manatíes, jaguares... existen casi sólo en la memoria de los viejos. Las ciénagas y caños se colmatan, los bosques son desplazados por pastizales, los pantanos se desecan, se contaminan aguas y suelos con fertilizantes en la infructuosa búsqueda de una riqueza que el río proveía gratuitamente... el campesino abandona su canoa, sus redes, sus ganados, sus playones y se hacina en los pueblos con la ilusión de encontrar las satisfacciones que sólo este mundo anfibio solía darle.

Pero no todo está perdido; aquí y allá en esta vasta planicie, entre los pastizales incendiados anualmente y los suelos empobrecidos, sobreviven fragmentos de ese mosaico natural y en los pueblecitos escondidos entre los recodos del río se mantienen vivas las tradiciones que permitieron siglos de usufructo. La persistencia de estos reductos de riqueza biológica y cultural en la isla de Mompox ha animado a la Fundación Neotrópicos a emprender Operación El Dorado, un ensayo a escala natural para su recuperación y preservación.

La base física de Operación El Dorado es la reserva Natural El Garcero adquirida en 1991. Seiscientas hectáreas de restos de bosques, madreviejas, playones, pantanos y pastizales abandonados, a orillas del brazo de Mompox, aguas arriba de esta legendaria ciudad. Mediante el control del fuego, del pastoreo y de la cacería dentro de la reserva, se estimula el crecimiento de los reductos naturales y se complementa su repoblamiento con la siembra de semillas procedentes de otros reductos a lo largo y ancho de la Depresión Momposina. La educación ambiental está integrada a esta labor, es el desarrollo y la propagación de la semilla cultural; niños campesinos en edad escolar participan en la recolección de semillas, el cuidado del vivero, la siembra de arbolitos en sitios escogidos, la construcción de cercas y corta fuegos... y sobre todo comparten las experiencias y ayudan a dar forma a los planes futuros.

En Mompox la Fundación adquirió una casa que aloja colecciones de documentos y materiales científicos y se utiliza como sede de eventos de educación ambiental a nivel regional. Lentamente se fortalece una alianza con la comunidad cuyo objetivo es lograr que ésta se apropie de la filosofía de El Dorado, la considere como parte de su diario existir y de la herencia material y espiritual legado de las generaciones futuras.

Este ideal ha contado con el apoyo del Instituto de Planicies Fluviales del WWF-Alemania y de Artists United for Nature y de algunas empresas nacionales.